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Manuel J. Castilla

Entrevista a Manuel J. Castilla, poeta Cerrillano, realizada por Roberto Espinosa.

Una barba se nutre de viento.

Los pájaros se le cuelan en los ojos, agitando el paisaje de los sueños.

En las cumbres abrevan pedregales.

Un blanco silencio palpita en los rumores del pueblo.

Es la hora en que el tiempo se detiene a madurar la vida en ese cielo.

Ecos de voces se cuelgan de sus manos y le despejan el vino amanecido en la ternura.

En Iruya, el cosmos se sienta a meditar las esperanzas de los pobres, mientras un barbudo corazón brota en la eternidad. «Yo estuve viendo al hombre cuando alzaba la sombra de su casa, de hebra en hebra como un barracán tibio, vi sus manos lamiendo dócilmente trozos de piedra y barro…

Iruya estaba creada para siempre, blanca sobre la alzada palma del abismo iba de dedo en dedo en las manos del hombre endureciéndose y por los pedregales de sus cumbres, en acullicos secos, por un alcohol forzudo trepaba miedo arriba…»

Manuel J Castilla

«Por favor, no me llame don Manuel porque me siento una despensa».

La eternidad se detiene en Cerrillos ese 14 de febrero de 1918 para festejar el nacimiento de un poeta.

El padre de Manuel J. Castilla oficiaba de jefe en una estación de trenes y su madre de directora de escuela.

«Madre, ya viene el tren con su alegría y el crisantemo de humo que desgrana…

Oh, padre, adiós perdido entre los trenes, nadie despide a nadie en los andenes, donde no sé por qué yo siempre espero, nadie despide a nadie hasta que un día en un remoto tren de Alemanía adolescente, con ustedes, muero».

Una calandria «La calandria» de Luis Franco le siembra la poesía entre las venas.

Tiene unos 8 años. «Ya más tarde, hacia los 15 años borroneaba tenazmente cuartillas muy malas.

Pero mi madre pensaba que eran geniales y me pagó una edición de apenas 20 ejemplares.

Más tarde, cuando llegaron horas tristes por la muerte de mi hermano, se fue ahondando esa necesidad de escribir.

Andaba mucho tiempo solo.

Había dejado de lado el deporte porque era una jugarreta para niños.

Estaba muy agrandado. Y me largué a escribir desesperadamente.

Hacía tres poemas por día y hasta les ponía hora a cada uno».

Un largo primer año en el Colegio Nacional. «La ociosidad ocupaba mi cabeza». Cansancio de madre.

Sale a buscar trabajo. Ya es cadete en el salteño diario El Intransigente.

De cafetero a periodista. «Pajita» García Bes, pintor y hermano de senderos.

Con los títeres caminan La Paz, Oruro, Cochabamba, Arequipa, Lima.

La barba desciende al infierno de las minas y se amasa en el dolor de los humildes.

Esos seres cobrizos de la tierra alimentan su propia «Copajira».

El «Cuchi» Leguizamón, duende de la carcajada y el vino, se vuelve pájaro y cofrade de desvelos.

«Si andando, andando, niña, un día mis ojos te ven llorar, el llanto que voy llorando por los senderos florecerá».

Una zamba del pañuelo sella la partida de una larga zafra de canciones.

El gozante

Años ’40. Raúl Galán, jujeño, padre de poetas, funda La Carpa en Tucumán.

Voces de norteñas provincias unen sus latidos en poemas.

«El grupo se había formado con la idea de defender al Norte, la tierra».

Los libros van desmalezándole la barba.

«Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante. El que bajo las nubes se queda silencioso.

Pienso: si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad, húmedo de astros lilas, relucientes…

A veces un lapacho me corona con flores blancas y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra».


Manuel huye de los reportajes.

«Hablo sólo cuando me desborda la compañía de la amistad o el vino. De poesía no acostumbro a hablar porque no hay soledad más grande que la del poeta frente al papel en blanco.

Ahí te salvas sólo si Dios es grande. En ese momento, todo lo que se habla, escucha o lee, no sirve para nada».

Bohemia de zambas y chacareras. Amigos del paisaje le titilan en el pelo. La bondad le crece en los silencios y la ternura se trepa al cigarrillo lento.

Una diabetes le ha venido incomodando las entrañas.  «Qué lindo cuando me muera y vengan mis amigos a mirarme los ojos.

Estaré ya lejano, llenas de un sueño quieto mis pupilas…»


1980. En el pasaje Sargento Cabral 978, ese 19 de julio la muerte se detiene para robarle los versos a un poeta y envolverlos con su poncho de eternidad.

Roberto Espinosa (La Gaceta de Tucumán)

Datos Biográficos de Manuel J. Castilla

Manuel José Castilla, habitualmente citado como Manuel J. Castilla, fue un poeta, letrista, escritor y periodista argentino.

Fecha de nacimiento: 14 de agosto de 1918 en la localidad de Cerrillos, provincia de Salta, Argentina

Fallecimiento: 19 de julio de 1980, Salta

Años activo: 1941 a 1980

Libros: El gozante, Obras completas, El oficio del árbol: obra periodística de Manuel J. Castilla, 1940-1960

Si deseas escuchar audios de sus poesías y recitados, visita la biografía más extensa que existe sobre él

Películas: El canto cuenta su historia

Película completa de Manuel J. Castilla El canto cuenta su historia

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